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La llave del Mal (Primera parte) - Un relato urbex de Happy Panda & Rodri


"Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti".
- Friedrich Nietzsche (Filósofo alemán).

Gertrud-Kolmar-Straße 14.
Berlín, Alemania.

Al principio, Happy y Rodri pensaron que aquel olor era simplemente humedad. Después, llegó el del óxido, y debajo de este, el olor a humo viejo, a yeso mojado y a madera podrida.

El haz de la linterna de Rodri resbalaba por las paredes de hormigón. Estaban cubiertas de manchas negras y de una costra blanquecina parecida a la escarcha. En algunos lugares, la pintura se había descascarillado en grandes escamas, como el pellejo de una naranja, dejando al descubierto el gris desnudo del cemento. En una pared, bajo varias capas de humedad, se leía una frase escrita a lápiz: Wo seid Ihr?

Aquí abajo no había lugar para el ruido de los coches ni del viento. Ni para el murmullo lejano de Berlín.

Al final del pasillo, un grupo de tres personas esperaba impaciente a la ilustre influencer y urbexer Teresa Alcantarilla, también conocida como Happy Panda, y a su hermano Rodri.

—¿Quiénes son estos mataos, Rodri? —pregunta Happy, agotadísima, llevándose las manos a las rodillas y sin resuello—. ¿Y dónde berenjenas estamos? Esto está oscuro de cojones, ¿No había otra forma de entrar que de noche y por el trastero de un restaurante de comida bávara? Ah, calla, ya lo sé: ¡vamos a una batalla de farmear aura!

—Estos mataos son amigos míos —responde su hermano dejando en el suelo de la polvorienta estancia su mochila y la de su hermana, que pesa como un quintal.

—Und diese kleine, fette Alte, komplett zugekleistert, soll echt unsere einzige Chance sein? —pregunta con voz grave el pelirrojo líder del reducido grupo que los estaba esperando, dando un paso al frente. Su aspecto hosco y su barba rojiza le dan un aire de bárbaro nórdico—. Scheiße, wir sind echt schlimmer dran, als ich dachte.

—¡Oye, palurdos, tened algo más de educación y hablad castellano, el idioma de la gente civilizada! —se cabrea Happy y levanta un dedo—. Que os estoy entendiendo todo, todito. Tuve un novio alemán casi cinco días y doce noches seguidas ¿sabéis? Algo gordita y maquillada como una puerta lo estará tu...

—Perdona, Happy —se apresura a intervenir una joven rubia de mirada cansada juntando las palmas de las manos en un inequívoco gesto de disculpa—, tienes mucha razón. Hemos sido unos maleducados. Me llamo Annika Haaland, el grosero que está detrás de mí es Linus Rabenstein y la anciana que está sentada al fondo es la profesora Liudmilla Aleksándrovna. Somos integrantes de la Logia Urbex. Es importante saber dónde estamos y por qué. Al final de este pasillo hay un dormitorio muy especial —señala un habitáculo de no más de cuatro metros—, donde supuestamente una de las personas más malvadas que han pisado la Tierra terminó con su vida.

El aspecto funcional de exploradora urbana de la muchacha contrasta con su apariencia frágil, delgada y de facciones finas. Lleva el cabello recogido de manera descuidada. Sus gafas de montura negra acentúan aún más la expresividad de sus grandes ojos.

—Siga, meine Dame, que no me estoy enterando de nada.

—Cuando se cae un vaso y se rompe en miles de pedazos, -y sabemos por tu hermano Rodri que esto te pasa muy a menudo-, a pesar de nuestros esfuerzos por recoger todas las esquirlas, algunas quedan ocultas y perdidas durante mucho tiempo. Lo mismo ocurre con el dolor, la ira y, sobre todo, el Mal. El Mal simplemente no muere, se dispersa, impregna a las personas, a los objetos..., sobrevive y, cuando se condensa, abre puertas a lugares terribles.

—Vale, una metáfora alucinante, pero sigo sin saber dónde estamos.

—Estamos en el búnker de Adolf Hitler —interrumpe Rodri antes de que el greñudo y pelirrojo líder de la logia pueda responder—. Ese que supuestamente está enterrado bajo toneladas de escombros.

Una de las pocas fotografías (coloreada) de las dependencias privadas del Führer en el búnker.

La anciana profesora rompe el silencio.

—A pesar de la creencia popular, los soviéticos no arrasaron el búnker junto con los antiguos y nuevos edificios de la Cancillería después de la guerra. En diciembre de 1947 intentaron destruirlo con explosivos, pero no lo consiguieron, ya que la construcción era demasiado resistente. La detonación dañó gravemente las estructuras superiores, pero no consiguió eliminar el complejo subterráneo, que permaneció prácticamente intacto hasta finales de los años ochenta, cuando las secciones excavadas del antiguo complejo de búnkeres fueron oficialmente destruidas, principalmente durante la reconstrucción de esa área de Berlín.

» Durante años, el lugar quedó enterrado y abandonado. Solo los urbexers más experimentados conocen la forma de entrar aquí y quienes lo han conseguido jamás regresan para una segunda visita. Ya llegaremos a ese punto más adelante.

» Aleksandr Mijáilovich Volkov fue uno de los primeros hombres que entraron al Führerbunker el 2 de mayo de 1945 —continúa Liudmilla con los ojos cerrados y tono solemne—. Junto a un contingente de soldados del Ejército Rojo, formaba parte de un grupo de zapadores encargados de inspeccionar las habitaciones y los jardines en busca de trampas explosivas. Las órdenes de Iósif Stalin eran claras: capturar a Hitler vivo, pero llegaron tarde. El Führer se había descerrajado un tiro en la cabeza unos días antes y, siguiendo sus instrucciones, los cuerpos de Eva Braun y el suyo fueron sacados al jardín de la Cancillería, rociados con gasolina y quemados.

» Hitler no deseaba bajo ningún concepto que su cadáver pudiera ser exhibido públicamente después de lo ocurrido con el cuerpo de su aliado Benito Mussolini. Y lo más preciado ya había escapado del Führerbunker unos días antes.

—¿Os dice algo el nombre de Karl Maria Wiligut, general de brigada de las SS y filósofo ario? —toma el relevo el pelirrojo líder del grupo—. Seguramente nada.

Rodri y Happy se miran, confirman con semblante serio que efectivamente jamás han oído hablar de ese señor.

—Junto a Heinrich Himmler y Otto Rahn, Karl Maria Wiligut formó la rama de la Alemania nazi especializada en ciencias antiguas y transdisciplinarias, lo apodaban el Rasputín de Himmler, y fue uno de los ocultistas más destacados de la Alemania nazi.

» Según Wiligut, la historia cultural germánica se remontaba al año 228.000 a. C., época en la que brillaban tres soles sobre la Tierra y ésta estaba habitada por titanes, enanos, duendes y otros seres míticos.

» Pero, a pesar de que quedó en los anales de la historia como un bufón adicto al opio, un esquizofrénico megalómano con delirios de grandeza, Karl Maria Wiligut estaba a pocos meses de alcanzar el anhelo de toda su vida ocultista: abrir una vía que le permitiese acceder a los recuerdos genéticos y a la sabiduría de sus antepasados de hacía miles de años. Pero para ello necesitaba antes recolectar y moldear un ingrediente muy especial.

—La Maldad en su estado más puro —susurra Rodri—. Quería forjar su propia llave.

—De verdad, Rodri, ya me tienes harta, hartísima. Mira que te gusta llevarme siempre a sitios de mal rollo —interfiere indignada Happy Panda—. Me traes aquí a las nueve de la noche, ¡ya casi de madrugada! ¡Muerta de hambre! Qué digo yo, ¡famélica!

» Pero claro, estamos mucho mejor aquí, medio a oscuras, ¡como si fuera un alma en pena en el Pasaje del Terror de la Warner! ¡La madre que te parió! ¿Y todo esto por qué exactamente? ¿Acaso hay una presentación secreta de la nueva colección de botines de Manolo Blahnik para darle una sorpresita a tu querida y sufrida hermana? ¡Anda que me has traído aquí en moto con las crines al aire como si fuera objeto de pasión del protagonista de Mad Max!

—En todo caso sería Top Gun, no Mad Max —interrumpe y corrige la anciana sin alzarse de su silla, cerca de un retrato de Federico II el Grande. Su voz es solemne, pero afable—. Hay una razón para haberte traído aquí, Happy. La Logia Urbex lleva observándote mucho tiempo. Pocos lugares en Berlín están empapados de tanta maldad como este sitio.

—¿Ni siquiera Alexanderplatz? Porque mira que es fea de cojones: la torre de televisión, hormigón a punta pala, tráfico, esos edificios mastodónticos… Y luego está el selecto club nocturno Berghain con sus estrictos requisitos de admisión. Aunque, bueno, yo puedo entrar siempre que quiera. Lo que pasa es que no me da la gana.

Rodri pone los ojos en blanco. ¿Se dará cuenta su hermana de que cada vez que abre la boca sube el pan, se hunde la Bolsa y al Niño Jesús le entran ganas de llorar?

—Teníamos que asegurarnos de que eras die Richtige —continúa Linus Rabenstein—. Y lo eres, Happy. Yo no estaba nada seguro, pero Liudmila y Annika insistieron. Tenían razón. Eres diferente. Eres más resistente a los susurros, a las tentaciones del Mal. No te afectan tanto como a nosotros. Percibes cosas y sientes presencias en los Lost Places que la mayoría de los urbexers ni siquiera son capaces de imaginar. Por eso te necesitamos.

—Así sí, amigo mío, así vas estupendamente. Continúa dándole voz a lo que todo el mundo debería saber desde que tiene acceso a Internet. Soy estupenda. Luego te paso mi cuenta Insta para que me hinches a likes. Y si ya tuvieras un bocadillo de morcilla en esa mochila roñosa para mi deleite, te doy una chapa insignia de Fan nº 1. Tengo un montón, ¿sabes amigo pelirrojo de Harry Potter?


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Annika Haaland se recoge un mechón de cabello tras una oreja y despliega un mapa plastificado sobre una mesa.

—Creemos haber localizado la ubicación del componente final de la llave de Wiligut, pero necesitamos a alguien con la sensibilidad necesaria para poder verla. Liudmila está muy enferma y yo soy nueva en esto y aún no tengo suficiente experiencia. Si pudiéramos destruir o esconder de algún modo ese último...

—Tenemos que irnos —corta en seco Rabenstein a su compañera al oír pisadas en una de las habitaciones contiguas—. Está despierta.

—Tú también la ves, ¿verdad? —susurra Annika a Happy, y señala a una niña que corre, juega y ríe por el pasillo del búnker. Lleva un camisón blanco y el pelo recién peinado recogido en una cinta. Va llamando a sus hermanos de habitación en habitación y les ruega que dejen de esconderse.

—Sí, ¿quién es?

—Es Helga, la hija mayor de Joseph Goebbels... —susurra la joven mientras una lágrima resbala por su mejilla—. Su propia madre la envenenó junto a sus cuatro hermanas y su hermano con cápsulas de cianuro antes de que los rusos irrumpieran en el búnker. Fue la única que comprendió que iba a morir y, lo que sus padres se proponían, por ello quedó anclada para siempre a este lugar.

Annika observa a Helga ajena a todo, como si el tiempo se hubiera detenido para ella. Helga se detiene frente a Happy; a excepción de Annika y la influencer, los demás no parecen interesarle. Le sonríe amablemente y pregunta con una voz humana acompañada por otra idéntica, ligeramente retrasada:

—Entschuldigen Sie, Fräulein, haben Sie meine Geschwister gesehen?

Al ver que Happy niega con la cabeza, cambia el gesto y esboza una sonrisa, y continúa su búsqueda.

—Podrían haberlos sacado de Berlín. Podrían haber intentado salvarlos —la voz se le quiebra a Haaland—, pero Magda y Joseph Goebbels habían decidido que sus hijos no vivirían en un mundo sin Hitler ni sin el nacionalsocialismo.

—Debemos marcharnos ya —insiste Linus mientras se ajusta una cincha de la mochila y se dirige a la salida del búnker.

—¿Y la profesora? ¿Por qué no se mueve? —pregunta Rodri, desconcertado.

—Liudmilla se quedará un rato más jugando con la niña. Después nos alcanzará —miente Rabenstein.

Antes de darse la vuelta, le dedica una última mirada a su amiga. En ella caben océanos de gratitud, cariño y todo aquello que ya no tendrá ocasión de decirle. Sabe que es una despedida.

Sin pronunciar una palabra más, se marcha con Happy, Annika y Rodri.

—¿Podemos hacer algo para liberar a Helga de este sitio? ¿Darle algo de paz? —pregunta Happy acelerando el paso para no quedarse rezagada.

—Eso intentamos, Happy y de eso va todo esto —responde Haaland —. Exactamente de todo eso.

¡Continúa en la segunda parte!

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¡La increíble banda sonora!

Daniel Ciurlizza - Duel of the Fates (Reimagined)


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Comentarios

  1. Extraordinario como siempre. Me gusta mucho Happy Panda. Es pasión. Gracias

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  2. Me gusta mucho la idea de que el mal se expande y se diluye en los lugares. Y me interesa el personaje histórico de Wiligut. Voy a indagar sobre él. Enhorabuena.

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  3. Fan a tope de Happy. Un comienzo genial.

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