Un último trámite antes de morir - Alberto Jiménez
—Por Dios, Roberto —dijo la mujer quitándose una mascarilla—. No veía la hora de llegar. Tu padre trae un olor que no se va ni con KH7. ¿Y por qué hemos tenido que traer al niño? —Marta, por favor —rogó el marido—. Te está escuchando. Es viejo, pero no está sordo, y las pastillas llegan hasta donde llegan. Y ya te lo he explicado: es imprescindible que estemos todos. ¿O quieres venir todos los fines de semana de visita? El sistema no tiene nada parecido a lo que nos ofrecen aquí. Esto es lo que se precisa hacer con un deshecho como él. Damián llegó a la residencia con los ojos legañosos, el mundo llevaba años apagándose para él por capas. Tenía un continuo lagrimeo que atajaba con un pañuelo que le habían atado a la muñeca. El problema era que también le habían atado esta mano al asa de la puerta durante el viaje. La otra colgaba inservible tras un ictus. Eso, y las cataratas, le borraban la realidad física, la mente también se le estaba borrando, y ese sí que era un enemigo contra el...