Haenyeo - Alberto Jiménez
Ahora la abuela Ji Yeon está flotando en la superficie del mar. Su traje de submarinista es de los baratos, de los que entrega el gobierno. Sólo tiene dos prioridades: no dejar que se hunda su captura y respirar a bocanadas el aire del que su cuerpo ha prescindido durante minutos. ¿Cuántos? Ahora mismo no lo sabe. Seguro que demasiados. Min Joo sí que tiene un traje de neopreno moderno. Le encanta pavonearse con él antes de meterse al agua. «Siendo joven y habiendo tenido sólo un hijo, ya podrá. Aunque hay que reconocer lo guapo que es el niño». Eso piensa la abuela Ji Yeon. Antes de salir a pescar, las mujeres depositan ofrendas de arroz, erizos y marisco a los pies de la figura de piedra de la deidad del mar, Halmang. Casi todas rezan sus plegarias, Min Joo aprovecha para señalar las debilidades del grupo. Entre otras se refiere a Ji Yeon como la vieja o la abuela. No en vano las separan casi cincuenta años. Ji Yeon no se lo toma a mal, puede que Min Joo la llame abuela por fastidiar...