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El cuento de la criada - Margaret Atwood

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

 



El cuento de la criada es una novela de la escritor canadiense Margaret Atwood.

¿De qué trata este excelente novela?

Defred es Criada en Gilead, una república donde a las mujeres se les prohíbe trabajar, leer y entablar amistades. 

Sirve en el hogar del Comandante y su esposa, y en el nuevo orden social tiene un único cometido: una vez al mes, tumbarse boca arriba y rezar para que el Comandante la deje embarazada, porque, en una época en que apenas nacen niños, Defred y las demás Criadas valen en la medida en que son capaces de engendrar.

Pero no siempre fue así, Defred recuerda los años previos a la instauración de Gilead, cuando era una mujer independiente con un empleo, una familia y un nombre propio. Todo ello junto as sus recuerdos y su voluntad de supervivencia se consideran ahora actos de rebelión.

¿Quién es Margaret Atwood?

Margaret Eleanor Atwood nacida en Ottawa el 18 de noviembre de 1939 es una poetisa, novelista, crítica literaria, profesora y activista política canadiense. Conocida mundialmente por escribir las novelas distópicas El cuento de la criada (1985) y su secuela Los testamentos (2019).

Atwood ha ganado numerosos premios y distinciones por sus escritos, entre los que destaco dos premios Booker Prize, el Premio Arthur C. Clarke, el Premio Franz Kafka y el Premio Princesa de Asturias en el 2008.

El nombre de criada de la protagonista, Defred es un compuesto que indica de quién es propiedad (de Fred): Fred es el nombre propio del comandante que la posee. Aunque el comandante cambie a su criada, esta seguirá llamándose del mismo modo.

Curiosamente dependiendo del idioma en que se lea la novela, el nombre de la protagonista cambia (Offred en inglés, Desfred en alemán o Difred en italiano).

La novela está narrada en primera persona como si un cuento se tratase y tal como aconteciese con el Diario de Ana Frank el final es ambiguo y está supeditado a la imaginación del lector.

Margaret Atwood

No puedo evitar reproducir parcialmente el excelente prólogo de la autora. 

"En la primavera de 1984 empecé a escribir una novela que inicialmente no se iba a llamar El cuento de la criada.

Yo vivía en Berlín Occidental, ciudad rodeada todavía, en esa época, por el Muro: el imperio soviético se mantenía firme y aún iba a tardar otros cuatro años en desmoronarse. Todos los domingos, las fuerzas aéreas de Alemania Oriental provocaban una serie de estallidos que rompían la barrera del sonido y nos recordaban su cercanía. Durante mis visitas a diversos países del otro lado del Telón de Acero -Checoslovaquia, Alemania Oriental- experimenté la cautela, la sensación de ser objeto de espionaje, los silencios, los cambios de tema, las formas que encontraba la gente para transmitir información de manera indirecta, y todo eso influyó en lo que estaba escribiendo.

En 1984 ya llevaba uno o dos años evitando enfrentarme a esa novela. Me parecía un empeño arriesgado. Había leído a fondo mucha ciencia ficción, ficción especulativa, utopías y distopías, desde la época del instituto, allá por los años cincuenta, pero nunca había escrito un libro de esa clase. ¿Sería capaz? Era una forma sembrada de obstáculos, entre los que destaca la tendencia a sermonear, las digresiones alegóricas y la falta de verosimilitud. Si iba a crear un jardín imaginario, quería que los sapos que vivieran en él fuesen reales. Una de mis normas consistía en no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya en lo que James Joyce llamaba la "pesadilla" de la historia, así como ningún aparato tecnológico que no estuviera disponible. Nada de cachivaches imaginarios, ni leyes imaginarias, ni atrocidades imaginarias. Dios está en los detalles, dicen. El diablo también.

Como nací en 1939 y mi conciencia se formó durante la Segunda Guerra Mundial, sabía que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se podía confiar en la frase: "Esto aquí no puede pasar". En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar.

¿El cuento de la criada es una novela feminista? Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro... Entonces sí. En ese sentido, muchos libros son "feministas".

¿Por qué son interesantes e importantes? Porque en la vida real las mujeres son interesantes e importantes. No son un subproducto de la naturaleza, no representan un papel secundario en el destino de la humanidad, y eso lo han sabido todas las sociedades. Sin mujeres capaces de dar a luz, la población humana se extinguiría. Por eso las violaciones masivas y el asesinato de mujeres, chicas y niñas ha sido una característica común de las guerras genocidas, o de cualquier acción destinada a someter y explotar a una población. Mata a sus hijos y pon en su lugar a los tuyos, como hacen los gatos; obliga a las mujeres a tener hijos que luego no pueden permitirse criar, o hijos que luego les robarás para tus intereses personales; niños robados, un motivo cuyo uso generalizado se remonta a tiempos lejanos. El control de las mujeres y sus descendientes ha sido la piedra de toque de todo régimen represivo de este planeta. Napoleón y su "carne de cañón", la esclavitud y la mercancía humana, una práctica eternamente renovada: ambas encajan aquí. A quienes promueven la maternidad forzosa habría que preguntarles: Cui bono? ¿A quién beneficia? A veces a un sector, a veces a otro. Nunca a nadie.

La segunda pregunta que me plantean con frecuencia: ¿El cuento de la criada es una novela en contra de la religión? De nuevo, depende de lo que se quiera decir. Ciertamente, un grupo de hombres autoritarios se hacen con el control y tratan de instaurar de nuevo una versión extrema del patriarcado, en la que a las mujeres -como a los esclavos americanos del siglo XIX- se les prohíbe leer. Aún más, no pueden tener ningún control sobre el dinero, ni trabajar fuera de casa, no como algunas mujeres de la Biblia.

El régimen usa símbolos bíblicos, como haría sin la menor duda cualquier régimen autoritario que se instaurase en Estados Unidos: no serían comunistas, ni musulmanes. Las vestiduras recatadas que llevan las mujeres en Gilead proceden de la iconografía religiosa occidental: las Esposas llevan el azul de la pureza, de la Virgen María; las Criadas van de rojo por la sangre del alumbramiento, pero también por María Magdalena. Además, el rojo es más fácil de ver si te da por huir. Las esposas de los hombres que ocupan lugares inferiores en la escala social se llaman Econoesposas y llevan trajes de rayas. He de confesar que las tocas que esconden los rostros de las Criadas proceden no sólo de los trajes de la época media victoriana y de los hábitos de las monjas, sino también del diseño de los detergentes de la marca Old Dutch Cleanser de los cuarenta, en los que aparecía una mujer con el rostro oculto y que de niña me aterrorizaba. Muchos regímenes totalitarios han recurrido a la ropa -tanto prohibiendo unas prendas como obligando a usar otras- para identificar y controlar a las personas -pensemos en las estrellas amarillas, y en el morado de los romanos-, y en muchos casos se han escudado en la religión para gobernar. Así resulta mucho más fácil señalar a los herejes.

En el libro, la "religión" dominante se ocupa de alcanzar el control doctrinal y consigue aniquilar las denominaciones religiosas que nos resultan familiares. Igual que los bolcheviques destruyeron a los mencheviques para eliminar la competencia política, y las distintas facciones de la Guardia Roja luchaban a muerte entre ellas, los católicos y los baptistas se convierten en objeto de identificación y aniquilación. Los cuáqueros han pasado a la clandestinidad y han montado una ruta de huida a Canadá, como -según sospecho- les correspondería hacer en la realidad. La propia Defred tiene una versión personal del padrenuestro y se resiste a creer que este régimen responda al mandato de un dios justo y misericordioso. En el mundo real de nuestros días, algunos grupos religiosos lideran movimientos que procuran la protección de grupos vulnerables, entre los que se encuentran las mujeres.

De modo que el libro no está en contra de la religión. Está en contra del uso de la religión como fachada para la tiranía: son cosas bien distintas.

El cuento de la criada se nutrió de muchas facetas distintas: ejecuciones grupales, leyes suntuarias, quema de libros, el programa Lebensborn de las SS y el robo de niños en la Argentina por parte de los generales, la historia de la esclavitud, la historia de la poligamia en Estados Unidos... La lista es larga.

Tras las recientes elecciones en Estados Unidos, proliferan los miedos y las ansiedades. Se da la percepción de que las libertades civiles básicas están en peligro, junto con muchos de los derechos conquistados por las mujeres a lo largo de las últimas décadas, así como en los siglos pasados. En este clima de división, en el que parece estar al alza la proyección del odio contra muchos grupos, al tiempo que los extremistas de toda denominación manifiestan su desprecio a las instituciones democráticas, contamos con la certeza de que en, algún lugar, alguien -mucha gente, me atrevería a decir- está tomando nota de todo lo que ocurre a partir de su propia experiencia. O quizá lo recuerden y lo anoten más adelante, si pueden.

¿Quedarán ocultos y reprimidos sus mensajes? ¿Aparecerán, siglos después, en una casa vieja, al otro lado de un muro?

Mantengamos la esperanza de que no lleguemos a eso. Yo confío en que no ocurra."


Curiosidades.
  • Se subastó una copia ignífuga de El cuento de la criada en el año 2022 por más de 121.000 euros. El dinero se destinó a PEN América, organización destinada a combatir la censura y a velar por la libertad de expresión en Estados Unidos y en todo el mundo. Este ejemplar está realizado con una sobrecubierta de Cinefoil, así como páginas con protección térmica y otros materiales resistentes a altas temperaturas.
  • Una de las diferencias más notables de la adaptación televisiva de Netflix respecto a al libro​ es que Defred es mucho más desafiante que en el libro. Es políticamente activa, participa en marchas y es mucho más valiente. Sin embargo, en el libro, es más pasiva respecto a los hechos que van transcurriendo, no es para nada desafiante y hay cosas que nunca se atrevería a hacer; como entrar al despacho del comandante sin ser invitada.
  • Aparte de la archiconocida serie televisiva, existe un versión cinematográfica del año 1990 dirigida por Volker Schlondorff e interpretada por con Robert Duvall y Faye Dunaway, una ópera del año 2000 y una adaptación al cómic en formato de novela gráfica hace unos años (2020).
  • El nombre de Gilead se menciona por primera en el Antiguo Testamento. Galaad (en hebreo גלעד Galed, en español monte del testimonio o monte de la alianza). Hace referencia a puntos geográficos, nombres de tribus y personajes.

Valoración:
⭐⭐⭐⭐⭐ de 5. 
Obra maestra.

Me irrita sobremanera no haber leído este libro mucho antes. 

¿Por qué? Porque no solo es un clásico indiscutible que hubiese tenido que leer mucho antes si no que además se ve lastrada por un hecho que nada tiene que ver con ella. 

El cuento de la criada no solo sentó un tipo de mundo distópico, de una narrativa que después muchísimos otros autores posteriores han perfeccionado y lo hizo antes que nadie. Por desgracia el lector moderno lee esta novela mucho después que otras posteriores (véase la excelente Hijos de Hombres de P.D. James de 1992) o multitud de largometrajes, series televisivas de temática parecida.

¿Resultado? Que ya no sorprende, que ya no fascina del mismo modo. Una lástima.

De los pocos peros que se le puede hacer a la novela es la decisión de la autora de limitar la narrativa a la versión del personaje principal. Esta elección está justificada, se trata al fin y al cabo de un cuento.

Todo lo que acontece está basado por el tapiz personal de Defred. Desconocemos los pensamientos, las verdaderas motivaciones, los miedos o anhelos de cualquier otro personaje. Solo sabemos de ellos por sus actos. Solo disponemos de una única versión de los acontecimientos y es la de la protagonista.

El cuento de la criada es muchísimo más que una obra distópica donde la mujer ha quedado reducida a ser un cáliz, a ser el recipiente de los hijos de una sociedad patriarcal.

La novela es una exploración brutal de que el poder, la dictadura adormece a los débiles, que una sociedad basada en reglas muy claras e inviolables termina germinando en una sociedad mansa. 

A la mayoría de los ciudadanos de la República de Gilead se le niega el acceso a la información, a los libros (casi ninguna Criada sabe leer) y se castiga si se salen del tiesto... hasta que en algún lugar, de algún modo insospechado se prende la chispa de la revolución.

El libro toca otros temas igual de duros; la fantasia del suicidio para escapar de una sociedad opresora, la anulación del YO (eres propiedad de alguién, no tienes ni nombre propio) o que las reglas son para los pobres (la alta sociedad vive bajo otras reglas y moralidad).

La misma Defred mezcla en su relato fantasia y realidad, ni ella misma sabe cómo acontecieron las cosas realmente que narra y disponemos por boca de ella de versiones contradictorias. ¿Qué pasó realmente? Nadie lo sabe.

Os dejo una frase en latín que tiene muchísima importancia en la novela ("Nolite te bastardes carborundorum" / No dejes que los cabrones te hagan polvo") y la magistral última frase del libro ("¿Hay alguna pregunta?")

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Comentarios

  1. Vi hace un tiempo la serie y me gustó mucho, entre otros motivos, por el cuidado juego visual en los planos entre el rojo y el blanco. Tras leer tu excelente crítica, la añado a mi lista de leíbles próximos. La frase final desde luego es un disparador perfecto. 😘

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