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Haenyeo - Alberto Jiménez


Ahora la abuela Ji Yeon está flotando en la superficie del mar. Su traje de submarinista es de los baratos, de los que entrega el gobierno. Sólo tiene dos prioridades: no dejar que se hunda su captura y respirar a bocanadas el aire del que su cuerpo ha prescindido durante minutos. ¿Cuántos? Ahora mismo no lo sabe. Seguro que demasiados.

Min Joo sí que tiene un traje de neopreno moderno. Le encanta pavonearse con él antes de meterse al agua. «Siendo joven y habiendo tenido sólo un hijo, ya podrá. Aunque hay que reconocer lo guapo que es el niño». Eso piensa la abuela Ji Yeon.

Antes de salir a pescar, las mujeres depositan ofrendas de arroz, erizos y marisco a los pies de la figura de piedra de la deidad del mar, Halmang. Casi todas rezan sus plegarias, Min Joo aprovecha para señalar las debilidades del grupo. Entre otras se refiere a Ji Yeon como la vieja o la abuela. No en vano las separan casi cincuenta años. Ji Yeon no se lo toma a mal, puede que Min Joo la llame abuela por fastidiar pero ella ha decidido tomarlo como un cumplido. Es la mayor, la que tiene mayor experiencia, y el reconocimiento a su edad lo lleva con orgullo.

Algunas de las otras haenyeo que bajan como ellas para recoger crustáceos y moluscos se ríen de buena gana con los comentarios de Min Joo, otras asienten y sonríen en dirección a la abuela Ji Yeon.

Min Joo se sumerge el doble de ocasiones de lo que pueda hacer otra haenyeo en las profundidades del mar. Es demasiado ambiciosa, demasiado joven. También por eso es la que más orejones y pepinos de mar saca a su cesta que flota al lado de la boya.

Min Joo dedicará la tarde a editar vídeos y fotografías que sube a sus redes sociales para sus miles de seguidores. En cambio, la abuela Ji Yeon sigue la misma rutina: cinco horas en el agua, comer, trabajar en la casa y en el huerto, dormir y vuelta a empezar. El único seguidor que tiene es su marido y porque le encanta cómo prepara el ttukbaegi, la sopa de marisco con las capturas del día.

El tipo de capturas que saca Min Joo son las más preciadas. Por eso solo se permite la pesca tradicional a las mujeres que han nacido en la isla de Jeju. Son aguas protegidas, ricas en una fauna marina muy codiciada.

Como sus perlas, como la abultada y rara perla que ha encontrado hoy la abuela Ji Yeon, un ejemplar que le solucionaría la vida a cualquiera. Ese tacto suave entre el índice y pulgar le hacen aferrarse a la vida mientras flota con el pecho colapsando con cada inhalación por el esfuerzo realizado. Sonríe porque sabe que en casa esconde una bolsa con las otras pocas perlas que ha encontrado a lo largo de su vida, y que su hija las recibirá si a ella le pasara algo.

Escucha los gritos al fondo, el motor de una lancha que se acerca.

Hace un momento había nadado más deprisa que nunca, cuando interpretó aquellos inusuales tirones en la boya y que nadie estaba más cerca. Se tomó su tiempo para llenar los pulmones. Según bajaba, fue compensando la presión en los oídos porque aquella zona tenía huecos más allá de los diez metros.

Un destello en la oscuridad le dio la pista, el móvil de Min Joo en un saliente de la roca. Más abajo estaba su propietaria mostrando las convulsiones de un cuerpo al que se le ha agotado el oxígeno. El brazo de su traje estaba atrapado en las rocas. Por fortuna ella ya no se mueve, el pánico de quién se está ahogando puede ser mortal para el rescatador.

Cuando palpó sobre el tejido, confirmó sus peores presagios: la roca que había caído sobre Min Joo le había aplastado el brazo. Se unía virtualmente al resto del cuerpo solo por el traje. Con su cuchillo cortó el neopreno a la altura del golpe sabiendo que, probablemente, también cortaba algún tendón. Liberó a Min Joo de los lastres en su cintura e hizo lo mismo con los propios. El cuerpo inerte de Min Joo ya era peso suficiente en su ascensión para una descompresión lenta, aunque no le importaría tener una perforación de tímpano si eso hubiera implicado subir más rápido.

Alguien recupera sus cuerpos del mar y son evacuadas hacia la costa. Escucha gritos, preguntas y hasta algún sollozo. Observa que la bruma de la mañana está desapareciendo con el sol que ya despunta sobre el monte Hallasan. Eso está bien, significa que no ha perdido ni la vista ni el oído. Así que la abuela Ji Yeon decide que ya puede desmayarse.

Cuando operan a Min Joo por la pérdida de la mano, descubren entre su ropa de inmersión una perla de gran tamaño, con un color verde oliva que la convierte en una pieza única y notable, una de esas que le cambia la vida a cualquiera.
 
©️Alberto Jiménez 

Comentarios

  1. Los orejones esos que saca del mar, ¿son crustáceos o moluscos? Como pareces saber tanto del tema, estaría bien que lo aclarases

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  2. Emotivo relato con un poderoso mensaje detrás. ¿Es posible que ya lo hubiese leído años atrás?

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