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Acherna S.L. (Especial Mitología clásica 2026) - Valentin@

 


Identificar al hater que insultaba a mi cliente en redes sociales fue una tarea fácil.

¿Sabíais que la dirección IP, la fecha, la hora y el navegador desde los que se publica el comentario se guardan en servidores?

Pues ahora ya lo sabéis.

En poco más de diez minutos, ya tenía una dirección IP tan única como el DNI de una persona.

Por el tono de los comentarios vejatorios y la inquina empleada, se debía a algo sumamente personal hacia mi cliente (y no me equivocaba).

Era, por tanto, alguien de su círculo laboral, de amistades o un familiar. Un desconocido habría perdido el interés al poco tiempo.

Por las horas y las fechas de publicación, pude limitar el círculo social a veinte personas. Comparé éstas de los insultos con las entradas en otras redes sociales, como Facebook, Instagram o MeWe. Los sospechosos se redujeron a ocho.

Cinco de ellos tenían un perfil público.

Una búsqueda posterior me proporcionó fotos de sus vacaciones, estudios, lugar de trabajo, eventos públicos a los que asistían o mostraban interés, y las páginas que seguían.

Triangulando los eventos a los que asistió en el pasado o que le interesaban en el futuro, y las fotos en las que aparecía paseando a sus perros, pude limitar el lugar de residencia del hater a menos de cincuenta kilómetros de la dirección de mi cliente.

Nadie pasea a su perro a más de dos kilómetros de su casa.

Finalmente, un nombre.

Paloma Mendoza.

Despechada. Amargada. Solitaria. Cobarde.

¿Podría haber entregado esta información, cobrado el suculento cheque de mi cliente y haberlo dejado así?

Sí.

¿Lo hice?

No.

La busqué en Tinder.

La encontré.

Esperé pacientemente a que el algoritmo y mi perfil a la medida de Paloma hicieran su trabajo.

Match.

—¡Acherna! ¡vaya nombre más chulo! Me encanta. Me mola mucho tu forma de ser y cómo ves la vida. Y veo que a ti también te gustan los perros. No me lo puedo creer, tía. El mío se llama Zeus.

—¿Zeus? ¡Qué casualidad! Me vuelve loca la mitología griega. ¿Podemos vernos? Vives muy cerca de mí.

—Pues claro que sí.

—¿Hoy en el parque del Oeste? ¿Sobre las nueve de la tarde?

Me pondré mis mejores ropas de chica joven para enredarla.

Quiero estar guapa para ella, al fin y al cabo, será la última persona que vea en vida.

Y yo tendré un perro nuevo a partir de esta tarde.

Nunca me han gustado los haters: aquellos que abusan, que se creen mejores, pero no son capaces de dar la cara, ni mucho menos su nombre.

Ya le planté cara a Atenea hace milenios.

Otra cobarde que se escondía bajo el disfraz de una anciana para advertirme que no me enfrentara a la diosa, que no me atreviese a desafiarla.

No le hice caso y tejí el tapiz más perfecto.

Uno que exponía los errores y abusos de los dioses, incluidas las infidelidades de Zeus y las injusticias de los olímpicos.

Mi tapiz no tenía ni un solo error, lo que llenó de furia a Atenea.

Aunque no pudo criticar mi técnica, se sintió insultada por las escenas que yo, como mortal, había representado.

Enfurecida, lo rasgó y, como castigo, me transformó en araña y me condenó a tejer por toda la eternidad.

Acherna es solo un anagrama de mi verdadero nombre Arachne.

Sigo tejiendo, pero ahora mis telarañas ya no son físicas.

Sigo exponiendo a los cobardes, sí, y tras seducirlos, los devoro y me quedo con sus mascotas.

Que le jodan a Atenea.

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Fichas mitológicas: Arachne.


¡Bajo el siguiente enlace no te perderás ningún relato de nuestro
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Comentarios

  1. Me ha gustado, buen giro. La historia de Aracne siempre me ha fascinado.

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