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Anquises (Especial Mitología clásica 2026) - Luis Fernández


La huida de Eneas de Troya por Federico Fiori Baroccio.

—Seguro que habéis oído hablar del príncipe Eneas, hijo de la diosa Venus, que luchó en la guerra de Troya —afirma más que pregunta la profesora Menor ante su clase de Literatura comparada—. Pero, ¿qué sabéis de Anquises?

—Que lo sacaron a hombros, como a los toreros —responde la alumna Alcantarilla, todo dientes entre las risas de sus compañeros.

—Muy ingeniosa, Teresa —sonríe la profesora—. Quizás puedas echar mano de esa imaginación tan chispeante la próxima vez y evitar que te pille copiando en los exámenes. Pero, bromas aparte, tu respuesta ha señalado un elemento muy interesante de la mitología mediterránea: la figura del toro.

—Pero hoy no nos meteremos con el controvertido tema de la tauromaquia y hablaremos de la primera parte de la Eneida de Virgilio, concretamente de los libros I-III, una parte preciosa —continúa la docente—, muy diferente de la segunda, que es un rollazo político infumable.  También tenemos la historia de Dido.

—¿La cantante británica? ¿La de White Flag?

—Justo esa —responde irónica Verónica—. Madre mía, cómo están las cabecitas. Anquises era el padre de Eneas. En una de las escenas más potentes de la literatura, y posteriormente de la pintura, es portado fuera de una Troya en llamas a hombros por su hijo, junto a Ascanio, su nieto.

—Ahora os arengo a analizar la pintura de Baroccio —dice la profesora mientras muestra una diapositiva del famoso cuadro del artista con la huida de Eneas—. ¿Quién se anima?

Un silencio expectante inunda el aula. Teresa Alcantarilla finge que se le ha caído un lápiz y se agacha para desaparecer del radio de acción de la profesora. Los demás alumnos parecen víctimas de la mirada de Medusa: están petrificados en sus pupitres. En definitiva, nadie se atreve a responder.

—No todos a la vez, leñe —sonríe la docente, sabedora de que un viernes a última hora de la tarde quedan pocos voluntarios—. El héroe ocupa el centro de la escena y avanza hacia el espectador con su anciano padre, Anquises, sobre los hombros. Envuelto en un manto, el anciano sostiene entre las manos los penates, los pequeños dioses protectores de Troya, los últimos vestigios sagrados de su patria.

—Me encanta ese cuadro —sentencia la profesora, descansando su mano sobre la barbilla—. Y ahora, ¿qué os dice esta fotografía de un refugiado sirio?

Laith Majid, un refugiado sirio, llega a la isla griega de Cos con su hijo y su hija en brazos. Fotografía: Daniel Etter.

—Ahora es cuando la matan, como diríais vosotros —sonríe Verónica Menor—. Antes de que os hagáis los listos y digáis que una es un cuadro y la otra una fotografía, ¿qué diferencias reales apreciáis?

—Ninguna —balbucea Teresa—. Es la misma tragedia. Un padre obligado a huir de su patria con lo más valioso que tiene: su familia. Nada más. Nadie abandona su patria por gusto. Tendemos a minimizar el miedo y el coraje que supone abandonar todo: tus amigos, tu familia, y jugarte la vida para intentar darles una mejor vida a los tuyos.

—Vaya con la ilustre influencer Happy Panda, autora de la revista universitaria Me tomo un Neopreno para empezar el día —esgrime satisfecha la docente—. Exacto.

—Coño, profe, ¿me sigues en mis redes sociales? —pregunta la influencer, más orgullosa que un ciempiés con zapatos nuevos. 

—No —miente la profesora, apaga el proyector y se dirige al resto del alumnado—. Como tarea para la próxima clase, echad un vistazo a la figura de Eneas y su relación con la fundación de Roma. 

Profe, ¿tiene one second? —pregunta la alumna más famosa de la clase— Respecto al examen donde me puso un cero, cero patatero, yo no quería...

—¿Copiar? —Pues tienes fácil solución: menos redes sociales y más estudiar.

—Que me pillaras —termina la frase Teresa con una amplia sonrisa cómplice y soltando un imaginario micrófono—. ¡Happy out!

—¡Desaparece de mi vista, que te voy a suspender hasta que cumplas los setenta!

Happy sacude los hombros, sonríe con suficiencia y abandona el aula.

Verónica, aún perpleja, se queda mirando el aula vacía durante unos minutos. Tras recoger sus cosas, no puede evitar esbozar una sonrisa.

Le encanta ser profesora.

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Fichas mitológicas: Eneas
































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