La pata de mono y otros cuentos macabros - W.W.Jacobs
Hay algo que me ha ocurrido con esta recopilación que no esperaba.
Uno empieza a leer La pata de mono y otros cuentos macabros por La pata de mono. Es inevitable. Es el cuento que da título al libro, el que todo el mundo conoce y el que probablemente haya llegado hasta nosotros a través de alguna adaptación, parodia o historia (Los Simpsons o Cementerio de animales, tendré que hablar sobre ello en otra entrada aparte porque da para mucho) que utilizaba su misma estructura.
Pero después aparecen los otros cuentos.
Y entonces sucede algo curioso: algunos son tan buenos como La pata de mono. Y algunos, personalmente, me han gustado incluso más.
No porque La pata de mono haya perdido fuerza. Al contrario. Es una historia muy buena. Pero los otros relatos de Jacobs nos muestran que aquello no fue un golpe de suerte, haber encontrado una única idea brillante.
El volumen reúne dieciocho relatos y, aunque todos comparten esa capacidad para introducir lo inquietante en situaciones aparentemente normales, no todos utilizan el mismo mecanismo.
El pozo
Probablemente sea el primero que destacaría después del cuento que da título al volumen.
Aquí Jacobs abandona el mecanismo sobrenatural más evidente y construye el horror alrededor de algo mucho más humano: el chantaje.
Y eso es importante para entender cómo funciona el terror de Jacobs.
No necesita una pata de mono, un fantasma o una maldición. Basta con colocar a una persona en una situación de la que no puede escapar y darle un secreto que otra persona pueda utilizar contra ella.
El miedo deja entonces de proceder de lo desconocido. Procede de los demás.
Las tres hermanas
Es otro de los relatos que me parece especialmente destacable porque demuestra hasta qué punto Jacobs sabe utilizar la avaricia como motor narrativo.
Aquí lo macabro no necesita aparecer inmediatamente. Lo que encontramos es una historia sobre personas que quieren algo —dinero, seguridad, una posición— y están dispuestas a actuar en consecuencia.
Jacobs convierte así uno de los defectos humanos más antiguos en una especie de trampa narrativa.
Y cuando finalmente comprendemos hacia dónde nos está llevando, descubrimos que el verdadero monstruo no es sobrenatural. Son los personajes.
La casa deshabitada
Este es probablemente el cuento que más fácilmente puede recordar a la concepción clásica del relato de fantasmas: una casa vacía, una historia inquietante, la posibilidad de que allí haya ocurrido algo terrible. Y, sobre todo, esa irresistible necesidad humana de comprobar si aquello que tememos es cierto.
Pero Jacobs introduce una cuestión que recorre buena parte de sus relatos: ¿qué parte del terror está realmente ahí fuera y qué parte ponemos nosotros mismos?
No puedo evitar poner al personaje de Luis Fernández, Happy Panda, en estas situaciones.
Jerry Bundler
Aquí hay algo con lo que comulgo mucho con Jacobs: la mezcla del humor y lo macabro.
La historia comienza prácticamente como una broma que se va complicando y acaba demostrando que una cosa tan aparentemente inocente como gastar una broma puede tener consecuencias bastante más desagradables de lo esperado.
Esto es muy Jacobs.
Porque incluso cuando está contando algo inquietante, se percibe al escritor de humor que fue tan celebrado (yo no lo sabía) durante su vida.
Cuidando del prójimo
Uno de mis aspectos favoritos de esta recopilación es comprobar cómo Jacobs convierte algo tan cotidiano como la preocupación por los demás en una fuente de inquietud.
La culpa aparece aquí como una especie de fantasma mucho más persistente que cualquier aparición sobrenatural.
Y es algo que se repite en el libro: personajes que no pueden escapar de las consecuencias de lo que han hecho, de lo que creen haber hecho o de aquello que temen que los demás descubran.
La interrupción
Este relato vuelve a demostrar que Jacobs sabe construir tensión con elementos extraordinariamente sencillos. Un secreto. Una amenaza. El miedo a ser descubierto. Y la sensación de que algo está a punto de ocurrir.
Es casi un mecanismo de suspense criminal, pero Jacobs consigue llevarlo hacia ese territorio ambiguo en el que nunca sabemos del todo si estamos leyendo una historia de terror o una historia sobre personas que se han metido en una situación terrible.
En la biblioteca
Aquí el interés es por el juego con algo aparentemente inofensivo: una mentira.
Y una mentira, en manos de Jacobs, puede convertirse en una trampa.
Es una constante del libro: los personajes toman una pequeña decisión pensando que podrán controlarla y descubren demasiado tarde que las consecuencias han dejado de estar en sus manos.
Y luego está el mar
Algo también muy loveraftiano. A partir de aquí la recopilación cambia considerablemente de escenario.
El capitán Rogers, El barco desaparecido, Tres a la mesa, El sirviente del hombre moreno, Apareció por la borda, En vela, El fantasma de Sam, En medio del océano, Tal para cual y El náufrago nos llevan al mundo marinero que tuvo tanta importancia en la obra de Jacobs.
Y aquí descubrimos algo que puede resultar sorprendente si hemos llegado al libro pensando exclusivamente en La pata de mono:
Jacobs también era un magnífico escritor de historias del mar.
El océano funciona en estos relatos como una especie de escenario sobrenatural aunque no haya nada sobrenatural en ellos: un barco aislado, la noche, la niebla, una desaparición, un naufragio.
Cuando estás en mitad del océano, además, las posibilidades de comprobar qué ha ocurrido son bastante limitadas.
El fantasma de Sam
Es uno de los relatos que más me interesa precisamente porque juega con nuestra predisposición a creer en fantasmas.
Pero aquí el lector empieza a sospechar que quizá haya alguien mucho más interesado en que nosotros creamos en ellos.
El fantasma deja entonces de ser una criatura sobrenatural.
Puede ser simplemente una herramienta.
Y eso conecta muy bien con otra de las constantes del libro: la facilidad con la que el miedo puede ser utilizado por alguien que sabe manejarlo.
El náufrago
El último relato de la recopilación vuelve a llevarnos a uno de los territorios favoritos de Jacobs: la superstición, el mar y las relaciones humanas.
Y es una buena manera de terminar el libro porque demuestra que el autor no necesita cerrar cada historia con una aparición espectral.
Puede dejar simplemente a una persona enfrentada a las consecuencias de sus propias decisiones. Y eso también es terror.
Lo que tienen en común todos estos cuentos
Después de leer la recopilación completa, creo que sería injusto definir a Jacobs simplemente como «el autor de La pata de mono».
Es más interesante definirlo como un escritor obsesionado con las consecuencias.
Sus personajes mienten y pagan por ello.
Engañan y pagan por ello.
Se dejan llevar por la avaricia.
Se dejan llevar por la superstición.
Tienen miedo.
Y, en demasiadas ocasiones, toman una decisión aparentemente pequeña que termina desencadenando algo que ya no pueden controlar.
Eso explica también por qué La pata de mono ha tenido tanta influencia.
Porque el mecanismo que Jacobs descubrió allí puede aplicarse prácticamente a cualquier historia: queremos algo que no deberíamos tener y estamos dispuestos a pagar un precio por conseguirlo.
Pero el resto de sus relatos demuestra que no necesitaba una pata de mono para contar esa historia.
Podía utilizar una casa.
Un barco.
Un secreto.
Una mentira.
Una deuda.
Un fantasma.
Y quizá por eso, después de terminar la recopilación, La pata de mono ya no me parece necesariamente el cuento más interesante del libro.
Es el más famoso.
Es el más influyente.
Es probablemente el más perfecto.
Pero El pozo, Las tres hermanas o La casa deshabitada demuestran que W. W. Jacobs tenía muchas más cartas en la manga.
Y esa es, para mí, la gran sorpresa de esta edición de Valdemar.
Un recopilatorio de relatos muy necesario⭐⭐⭐⭐

Excelente reseña. Muchas gracias. Me he quedado con muchas ganas de leer a este autor :)
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