Las casualidades son, eso, casualidades - Fernando Gómez (Especial Halloween 2026)
Fernando Gómez
Colaborador literario
Las casualidades son, eso, casualidades. Una combinación de circunstancias que no se pueden prever… ni evitar. Por ejemplo, que te pongas dos calcetines de diferente color el mismo día que pisas un charco, o que al escribir tengas el bolígrafo cerrado. Eventos fortuitos y casuales que desencadenan minúsculos efectos.
Casualidad es cuando cruzas el semáforo instantes antes de que se ponga en rojo y que, justo, recibas un mensaje de tu ex. También se trata de casualidad que le suceda casi el mismo acontecimiento al conductor que aparta la mirada de la carretera, confiado en su prioridad verdosa, para ver el mensaje de su mujer tras descubrir su infidelidad. Paradójicamente, ambas mujeres se llamaban Lucía, y coincidieron en el hospital al mismo tiempo, pero solo una visitó un cuerpo caliente… y completo.
Extrañas e impredecibles son las casualidades, siempre en equilibrio con la suerte, y siempre a favor de uno de los lados. Por ejemplo, ninguna de las dos Lucías se encontraba en situación para discutir con su correspondiente pareja. Suerte, una muy oscura y maldita, pero suerte, al fin y al cabo. Y es que eso es de lo que se alimentan aquellos que no deberían de estar aquí entre los vivos. Una serie de casualidades que les hacen cruzar el umbral, por suerte maldita, hasta el otro lado.
Nunca nadie se podría haber imaginado que en el museo de Brașov, en las catacumbas de la Iglesia Negra, la familia Sánchez se encontraba en una visita guiada junto a un grupo de turistas angloparlantes.
Casualidad es cuando cruzas el semáforo instantes antes de que se ponga en rojo y que, justo, recibas un mensaje de tu ex. También se trata de casualidad que le suceda casi el mismo acontecimiento al conductor que aparta la mirada de la carretera, confiado en su prioridad verdosa, para ver el mensaje de su mujer tras descubrir su infidelidad. Paradójicamente, ambas mujeres se llamaban Lucía, y coincidieron en el hospital al mismo tiempo, pero solo una visitó un cuerpo caliente… y completo.
Extrañas e impredecibles son las casualidades, siempre en equilibrio con la suerte, y siempre a favor de uno de los lados. Por ejemplo, ninguna de las dos Lucías se encontraba en situación para discutir con su correspondiente pareja. Suerte, una muy oscura y maldita, pero suerte, al fin y al cabo. Y es que eso es de lo que se alimentan aquellos que no deberían de estar aquí entre los vivos. Una serie de casualidades que les hacen cruzar el umbral, por suerte maldita, hasta el otro lado.
Nunca nadie se podría haber imaginado que en el museo de Brașov, en las catacumbas de la Iglesia Negra, la familia Sánchez se encontraba en una visita guiada junto a un grupo de turistas angloparlantes.
La madre, casualmente llamada Lucía, miraba en todas direcciones los túneles, en concreto las telarañas, deseando que no apareciera ninguna propietaria, y que se encargaría de revisar las de casa en cuanto volviera. Su atención era inversa a la de su hijo, que no dejaba de lanzar el dedo hacia arriba sobre la pantalla del móvil, ignorando también todas las noticias que surgían en las redes sociales, incluyendo la del eclipse solar que daría lugar en apenas unos minutos.
Su destacable ausencia de atención desapareció en el instante que captó por el rabillo del ojo un brillo metálico. Su TDAH le lanzó a observar el objeto que estaba allí de casualidad, clavado en la pared. Nunca nadie jamás pensaría que la punta de una flecha, siglos atrás enterrada, ahora asomaba en la pared de las catacumbas.
Su destacable ausencia de atención desapareció en el instante que captó por el rabillo del ojo un brillo metálico. Su TDAH le lanzó a observar el objeto que estaba allí de casualidad, clavado en la pared. Nunca nadie jamás pensaría que la punta de una flecha, siglos atrás enterrada, ahora asomaba en la pared de las catacumbas.
Ni la mayor de las suertes diría que el joven, ignorante de sus actos, iba a acercar el dedo hasta la punta. Por supuesto, toda acción tiene consecuencias, en este caso en forma de sangre brotando de la yema, el mismo con el que deslizaba la pantalla hacia arriba.
Indignado, se lo chupó y limpió los restos en la estatua de piedra incrustada en la pared. La casualidad tiene mucho de ignorancia y, por supuesto, de suerte macabra, de una que siempre permanece en equilibrio. El vampiro nunca se imaginó que un estúpido cordero sería capaz de brindarle la sangre suficiente para despertar. Tampoco los turistas y el guía jamás sospecharon que lo último que sentirían era una punzada en el cuello antes de ser decapitados. Ni los casi 300.000 habitantes de Brașov que perderían la vida en el minuto que duró el eclipse solar a manos del rey de los vampiros. Y todo por una mera casualidad.
Indignado, se lo chupó y limpió los restos en la estatua de piedra incrustada en la pared. La casualidad tiene mucho de ignorancia y, por supuesto, de suerte macabra, de una que siempre permanece en equilibrio. El vampiro nunca se imaginó que un estúpido cordero sería capaz de brindarle la sangre suficiente para despertar. Tampoco los turistas y el guía jamás sospecharon que lo último que sentirían era una punzada en el cuello antes de ser decapitados. Ni los casi 300.000 habitantes de Brașov que perderían la vida en el minuto que duró el eclipse solar a manos del rey de los vampiros. Y todo por una mera casualidad.


Vaya, que chulo. Quiero más. Muy bueno.
ResponderEliminarWOW. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarMe gusta tanto que me da rabia no haberlo escrito yo antes. Jiji.
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