Lobezno: Enemigo del Estado (Mark Millar & John Romita Jr.)
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Lobezno: Enemigo del Estado (Wolverine: Enemy of the State) fue originalmente una serie de seis números dentro del volumen III de la serie regular de Wolverine y posteriormente recopilada en un tomo.
A pesar de que el volumen recopilatorio se llame Enemigo del Estado, este tomo recoge la secuela posterior Lobezno: Agente de Shield y el número auto conclusivo El prisionero número cero.
¿De qué va este tomo de casi 300 páginas?
En Japón han secuestrado a un niño que guarda relación con el pasado de Logan.
El niño es en realidad un cebo de Hydra y la escisión ninja de "El alba de la luz blanca" y sus nuevos líderes, la baronesa Elsbeth von Struker y el Gorgón, para atraer a Lobezno, secuestrarle, matarle, resucitarle y lavarle el cerebro con la misión de disponer del arma mortal más sangrienta jamás creada.
¿Quién es el equipo creativo tras esta obra?
Mark Millar (nacido en 1969) es un guionista escocés de cómics y televisión y uno de los autores más populares de la industria del cómic. Decidió convertirse en guionista y dibujante tras leer "La muerte de Gwen Stacy" relatada en The amazing Spider-Man #121.
Tras entrevistar para un fanzine a Grant Morrison en 1987, decide centrarse en su labor de guionista entregándonos con los años obras maestras incontestables Civil War, El viejo Logan, Kick-Ass, The Magic Order o Wanted.
John Romita Jr. (nacido en 1956) es un dibujante estadounidense conocido por su amplio trabajo principalmente para MARVEL Comics desde 1970 hasta la fecha. Comúnmente se le conoce por las iniciales JRJR (abreviación de John Romita Jr.).
⭐⭐ de 5.
Lobezno: Enemigo de Estado es una obra muy menor de Mark Millar, tirando a mediocre.
Coincido con la opinión de otros muchos críticos en que el argumento de esta miniserie de doce números no da para 240 páginas.
Una trama sumamente simple que el guionista escocés estira como un chicle y que termina diluida en una sucesión de batallas, muchísimas páginas dobles de una sola imagen donde se intuye que hay que que llegar como sea a las 22 páginas de rigor del formato original.
Me gustan los llamados splash, pero cuando es la tónica cada tres páginas éstas pierden la gracia y quedan como un recurso muy barato para extender una idea que está agotada.
Al autor le sobran páginas y no sabe cómo rellenarlas.
Mark Millar, autor de obras muy reconocidas y ciertamente geniales en cómic (véase El viejo Logan o Kick-Ass) o cinematográficas (véase Kingsman: Servicio secreto de Matthew Vaughn del año 2014) nos presenta con esta miniserie un atropello infame al buen gusto.
Que el autor sea amigo de la violencia gratuita no es nuevo, pero todo lo que funcionaba y quedaba cool en otras obras suyas, aquí es un despropósito colosal.
Nos machaca con frases tan poéticas que hubiese podido escribir un adolescente hormonado onanista como "huele tan mal como un pedo en el ascensor", "hola, culito", "El baño está prohibido así que usad las cuñas" y descripciones tan sutiles como la de Elektra: "la chica griega con algo de bigote".
Mal, muy mal.
Da la sensación que Millar nos quiere colar una historia muy básica valiéndose de dosis exageradas de muertos (hablamos de miles, sí, miles de muertos entre Ninjas, Agentes de SHIELD y súper villanos), copia y pega de otras historias suyas (la subtrama del perro que queda al cuidado de una agente al empezar su entrenamiento y después tiene que matarlo) y un mal gusto terrible buscando similitudes al acto sexual en las descripciones de las luchas (Elektra matando a cientos de ninjas de la Mano diciendo que los ha tenido más grandes, los ha tenido mejores).
Hay una parte donde Lobezno le echa en cara a Daredevil su éxito con las mujeres (¿Qué ven en ti, Murdock? Te traes chatis a esta casa rara que ni siquiera tiene pintura en las paredes) para terminar quejándose de por qué tiene el abogado ciego tanto y él no (¿Cómo puedes tener tanto de lo que yo apenas he probado en años?).
De un plumazo Mark Millar nos presenta a Lobezno como un reprimido sexual de escaso éxito y un envidioso de tomo y lomo. Este no es el Lobezno que yo quiero leer.
La escena de la baronesa Elsbeth von Struker (nos dice Millar que es ajedrecista y satanista como si eso fuera el sumum de la Maldad) pidiéndole a su marido que toque algo al piano de Wagner mientras ella se acuesta con otro es otro ejemplo de las lindezas del guion de Millar.
¿Hacía falta este detalle de humillación al líder de Hydra? No, pero a Millar eso le pone mucho.
El final es muy previsible, casi de risa. Para muestra un botón:
El malo de turno (El Gorgón) petrifica y mata a las personas con la mirada y ¿cómo le derrota Lobezno? Si tenéis la respuesta, ya os podéis hacer una idea de lo poco imaginativo que es todo el cómic.
No todo es espantoso en Enemigo del Estado, me ha gustado la aparición de los Centinelas, las diez páginas que salen los 4 Fantásticos, la idea de hacer a Lobezno una máquina de matar a las órdenes de Hydra (tampoco nada nuevo, ya lo habíamos leído en la trama de X-Men #95 donde Lobezno es un acólito de Apocalipsis) y el dibujo del siempre correcto John Romita Jr.
¿El resto? Mal, muy olvidable.
Millar tiene ideas chulas, pero esta obra está muy por debajo de lo que esperaba de él tras haber leído y disfrutado El viejo Logan.
Antes de perder el tiempo con Enemigo del Estado, deberíais leer Lobezno: Honor de Chris Claremont y Frank Miller.
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Bien, muy bien. Muchas gracias. 😘
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