La nena (serie de televisión)
El director Paco Cabezas se entrega aquí al espectáculo más puro y firma probablemente el capítulo más deudor del reconocible estilo de Michael Bay: planos contrapicados, cámara giratoria alrededor de los personajes.
El episodio funciona pese a sus habituales patadas a la lógica. ¿De verdad Buendía tiene que entrar siempre en todos los sitios con los auriculares puestos, completamente ajeno a lo que ocurre a su alrededor? ¿No existe otro lugar en Madrid para un encuentro clandestino que el mismo puente donde Zárate se veía con El Capi? ¿Y si Chesca tiene tantos ovarios para ejecutar a miembros de la Red y tan poco apego por la vida ajena, por qué no aborta?
También vuelve a aparecer otro obispo corrupto y despiadado, un recurso que me empieza a cansar por lo repetitivo. Es muy curioso lo sencillo que parece cargar contra la Iglesia católica en la ficción televisiva sin generar apenas controversia, mientras rara vez se representan figuras religiosas negativas pertenecientes a otras confesiones. Siempre termina apareciendo el "cura católico corrupto" de turno.
Ese discurso empieza a cansarme. Me molesta la demonización constante de la Iglesia católica y cierta falta de valentía a la hora de explorar otro tipo de antagonistas religiosos.
Episodio cargado de acontecimientos que, por fin, pone cierre a la subtrama de Zárate y El Capi, una línea argumental que, sinceramente, llevaba tiempo restando más que aportando a la serie.
No insistiré otra vez en lo muchísimo que esta adaptación se ha alejado de las novelas que prácticamente irreconocible.
Dos personajes abandonan la historia asesinados de una manera bastante absurda para la inteligencia que parecían haber demostrado tener hasta ahora.
Más allá de mis problemas con la adaptación televisiva de la obra de Carmen Mola, lo que realmente me desconcierta es intentar entender qué está ocurriendo en cada episodio. Todo resulta tan enrevesado que pierdo el hilo de la trama.
A nivel interpretativo, el reparto vuelve a estar a gran nivel, aunque esta vez destacaría especialmente a Ignacio Montes. Brilla tanto en la escena de la comisaría con Asuntos Internos como en su cara a cara con El Capi.
Termino el análisis con una sensación de frustración: en esta serie parece que los villanos siempre terminan imponiéndose y yendo un paso por delante. Es cierto que eso aporta tensión y mantiene el interés narrativo, pero cuando el recurso del “malvado superinteligente” se repite constantemente, me acaba generando cansancio y enfado a partes iguales.
Tras acabar con el prostíbulo de Santiesteban, Chesca encuentra una nueva e inesperada aliada en Rosario.
Un capítulo de transición en el que realmente no pasa nada, más allá de volver a meternos incontables flashbacks sobre cómo vejaban, violaban y marcaban a Chesca. Ya lo hemos visto infinidad de veces esta temporada y no acabo de entender la necesidad de repetirlo en cada capítulo.
Capítulo muy bien dirigido, como es habitual, con una Lucía Martín Abello contundente aunque por desgracia el guion vuelve a fallar estrepitosamente.
Sin ser perito policial, me pregunto: ¿el prostíbulo no tenía cámaras de seguridad? ¿No es lo primero que debería revisar la policía? ¿No hay ni un solo testigo que pueda dar un retrato robot de Chesca? ¿Cuánto tarda en coagular la sangre? ¿15 minutos? ¿Cómo es posible que Rosario encuentre sangre fresca en las escaleras horas después? ¿De verdad hay alguien que todavía se crea que con un poco de alcohol, una aguja y hilo se puede curar una puñalada en las costillas?
En fin, capítulo de transición y la sospecha de que el nombre de La nena (que en el libro es una niña a la que acoge Elena) aquí será Rosario, que de niña no tiene nada.
Tampoco entiendo, el giro de los guionistas en meter con calzador al personaje de Jáuregui en la misma celda que su hijo para darle puerta al personaje en el capítulo tres.
¿Cómo es posible que la dirección de la prisión tolere que un preso tenga dos mil velas en su celda ardiendo a todas horas? ¿Nadie ha valorado que es un riesgo intolerable para la integridad de la prisión?








La verdad es que no aburre la serie pero tampoco está aportando nada al panorama televisivo. Dudo que hagan más temporadas.
ResponderEliminarGracias por la reseña semanal, habrá que ver cómo continua esto, pero de momento, están consiguiendo que ningún personaje me caiga bien. Están todos destrozados por algún motivo u otro, y así no puedo empatizar con ninguno. Es un problema ya que su destino deja de ser relevante, y si es así, dejas de ver la serie.
ResponderEliminarTras ver el capítulo 3, me reafirmo. Me da igual lo que les pase a todos. No me cae bien nadie ya. Todos autodestructivos, siempre cabreados o drogados. Así no se puede. Mi quiniela para esta serie, que acabará en esta temporada como si lo viera venir. A Chesca se la cargan. Zárate se carga a Capi y le meten en la cárcel. Elena abandona definitivamente la BAC (que ya no existe ya que es un sindiós) y con deshonor, Orduño se va a otro departamento, ya que no soporta la pena de la muerte de Chesca y de la otra novia que tenía en la cárcel, junto con Mariajo y el otro alto que no me acuerdo cómo se llama. La red púrpura deja de existir a excepción de los últimos 10 segundos de la serie en los que se ve un video snuff en la red en lo que nos damos cuenta que aún le queda cuerda. Todo muy previsible.
ResponderEliminarHahahaha, pues seguro
EliminarEsto ya no tiene ningún sentido. Ningún personaje de los principales tiene ya principios y estás deseando que se los carguen. El guion hace aguas por todos los sitios; velas y padres catatónicos en cárceles sin ningún tipo de control, asesinatos de gente inocente a manos de la policía sin miramientos, allanamientos de morada, incautación de pruebas... Al final lo más límite van a ser lo de Red Púrpura. Es todo un despropósito. Que pena de serie.
ResponderEliminarLímite no, limpios.
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