El misterio de la cripta embrujada - Eduardo Mendoza
El misterio de la cripta embrujada es una novela de humor y de género policíaco escrita por Eduardo Mendoza en 1978.
¿De qué va esta divertida novela y primera parte de la saga del detective sin nombre?
Las enigmáticas desapariciones de dos alumnas del colegio de las Madres Lazaristas de San Gervasio son el punto de partida de una desternillante aventura cuyo protagonista es un paciente anónimo de un manicomio que, obligado a convertirse en investigador, se ve envuelto en todo tipo de percances.
Antes de adentrarnos en la muy particular forma de escribir de Mendoza, situemos esta obra en contexto.
En el prólogo de la novela, el autor explicaba que, tras escribir La verdad sobre el caso Savolta, necesitaba un respiro en forma de novela más ligera, más divertida y menos densa.
A diferencia de su obra anterior, en esta ocasión Mendoza opta por un único narrador (el célebre detective interno en un manicomio sin nombre) y deja a un lado las múltiples perspectivas.
A pesar de que el protagonista está como un cencerro, sus movimientos, reflexiones e indagaciones no son alocados, sino que siguen una lógica interna sui géneris.
Eduardo Mendoza
Valoración:
⭐⭐⭐⭐ de 5.
Imprescindible, aunque el final es algo flojo.
Hay escenas hilarantes como el encuentro con el jardinero o las dos que os muestro a continuación.
"A todas éstas, mi hermana se había levantado y abrazaba melosa al marinero, haciendo caso omiso de las puñadas que éste le propinaba para mantenerla a distancia. Decidí aprovechar la oportunidad que la suerte me brindaba y palmeé el hombro rocoso del recién llegado, adoptando el talante mundano que suelo fingir en tales circunstancias. —Me —dije recurriendo a mi inglés algo oxidado por el desuso—, Cándida: sisters. Candida, me sister, big fart. No, no big fart: big fuck. Strong. Not expensive. ¿Eh?
—Cierra el pico, Richard Burton —respondió desabrido el marinero.
Hablaba bien el castellano, el condenado, incluso con un ligero deje aragonés en el acento, muy meritorio tratándose de un sueco."
Otro escena memorable.
"—Señorita Peraplana —dije atropelladamente—, sólo tenemos unos instantes. Procure escucharme con toda atención. No soy recadero de la joyería Sugrañes. No creo siquiera que exista tal firma comercial. Este paquete contiene sólo unas latas vacías y no cumple otro propósito que el de permitirme la entrada en esta casa, allanamiento que he osado cometer para poder hablar con usted en privado. No tiene nada que temer de mí. Soy un ex delincuente, libre sólo desde ayer. Me busca la policía para encerrarme otra vez en el manicomio, porque creen que estoy envuelto en la muerte de un hombre o quizá de dos, según si los de la metralleta acertaron o no al jardinero. También ando metido en un asunto de drogas: cocaína, anfetaminas y ácido. Y mi pobre hermana, que es puta, está en chirona por mi culpa. Ya ve usted en qué dramática tesitura me hallo. Repito que no tiene nada que temer: ni estoy loco como pretenden ni soy un criminal. Cierto es que huelo un poco a sobaco y a vino y a basura, pero todo ello tiene una explicación muy sencilla que le daría de mil amores si dispusiera de un tiempo del que por desgracia no dispongo. ¿Me sigue usted?
Dijo que sí por señas, pero no parecía muy convencida. Pensé que sería una niña malcriada por el exceso de mimo."
Hay mucha crítica social y mucha incertidumbre política —estamos hablando de una época en la que la democracia española, tras años de dictadura, aún está en pañales—, pero, aunque se siente muy presente, nunca sofoca al humor, el auténtico y absoluto protagonista de esta estupenda novela.
Más que una novela policiaca, El misterio de la cripta es una novela sobre un señor que investiga, que, aun siendo conceptos muy parecidos, no es lo mismo.
Una novela policiaca clásica se basa en la resolución de un crimen, que suele ser un asesinato, y que tiene un detonante inicial. También hay un enigma: ¿quién lo hizo y por qué? Además, hay una tensión constante, normalmente contrarreloj, y una crítica social a las zonas oscuras de la sociedad. Todo ello crea un ambiente de intriga que atrapa al lector desde las primeras páginas.
Los personajes suelen ser los mismos: un investigador, un sospechoso o varios y un culpable, la mente maestra detrás del delito cuya identidad se oculta hasta el final.
Hay pistas reales, falsas y, finalmente, una resolución del caso que debería ser lógica y deductiva, en la que se encajan todas las piezas del rompecabezas.
Todo ello está presente en esta novela, pero está tan impregnado del humor esperpéntico y escandaloso de Mendoza que realmente disfrutamos mucho más del viaje que del destino.
Para mi gusto, la resolución del caso es la parte más floja de la novela.
Me parece algo precipitada y demasiado fantasiosa, aunque la novela está llena de escenas rocambolescas de un humor sanote, pero políticamente incorrecto.
No creo que a Eduardo Mendoza le hubieran publicado esta novela en 2026. La rechazarían por machista, grosera e irrespetuosa.
Y a mí, me encanta que sea tan irreverente.
Un ejemplo.
"Casi me había dormido cuando sonaron unos golpes en la puerta. Por suerte, tenía ésta pasador y yo había tomado la precaución de correrlo antes de acostarme, por lo que el visitante, quienquiera que fuese y cualesquiera sus intenciones, se había visto obligado a recurrir a la convención de llamar antes de entrar. Pregunté quién era, suponiendo que se trataría de algún maricón que deseaba hacerme alguna propuesta, tal vez pecuniaria"
Dos años después de la publicación, el director Cayetano del Real realizó una adaptación cinematográfica titulada La cripta, protagonizada por José Sacristán.
Aunque respetaba la trama principal, la película perdía una parte importante de la personalidad de la novela al no poder transferir el humor disparatado, la sátira y el estilo literario de Mendoza, aspectos muy difíciles de trasladar al cine.
En definitiva, es una lectura ideal para reírse a carcajadas.
Estoy deseando leer la continuación, El laberinto de las aceitunas.
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