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El laberinto de las aceitunas - Eduardo Mendoza


El laberinto de las aceitunas es una novela de humor y de género policíaco escrita por Eduardo Mendoza en 1982 y continuación de El misterio de la cripta embrujada.

¿De qué va esta estupenda novela y segunda parte de la saga del detective sin nombre?

Nos volvemos a encontrar de nuevo en el centro de una espiral de intriga al detective manicomial y paródico de El misterio de la cripta embrujada.

Arrastrado por el azar más disparatado, en esta ocasión ha de enfrentarse a una desconocida red de maleantes que a toda costa trata de recuperar un maletín de dinero perdido en curiosas circunstancias.

 Eduardo Mendoza (foto de Massimiliano Minocri)

Valoración:
⭐⭐⭐⭐ de 5.

Qué buen rato me he pasado. Muy recomendable.

Como de costumbre, Eduardo Mendoza no deja títere con cabeza, y una vez más es precisamente esa irreverencia uno de los muchos factores que me han hecho disfrutar de la novela.

El humor siempre es a expensas de algo o de alguien. No nos engañemos.

Como lectores, debemos ser lo suficientemente inteligentes para diferenciar entre humor y ofensa. El humor busca provocar risa, ironía o reflexión, aunque pueda resultar incómodo o irreverente. La ofensa, en cambio, busca -o termina provocando- humillación, desprecio o daño hacia alguien.

Mendoza no busca ofender, y quien así lo perciba quizá debería plantearse si este autor es para él. No pasa nada. Cada uno debe emplear su valioso tiempo libre en leer aquello que le gusta y le entretiene. A estas alturas, no estamos para perder el tiempo indignándonos, ¿no os parece?

Dejar de lado a Mendoza sería una pena, porque el hombre es muy, muy divertido.

Mendoza se ríe de los franceses, de los barceloneses —él mismo lo es—, de los chinos —un personaje llega a llamar Fu-Manchú a un camarero chino—, del poder político, de los empresarios, del clero, de Francisco Franco... En definitiva, se ríe de todo el mundo. Y lo hace con una desfachatez deliciosamente divertida.

Es cierto que cuesta un poco entrar en el particular sentido del humor del autor: situaciones disparatadas narradas con absoluta seriedad, personajes grotescos y una lógica que parece tener sentido únicamente dentro de la cabeza del protagonista.

El narrador, que cuenta toda la novela en primera persona, es perfectamente consciente de su propia miseria, pero jamás renuncia a su dignidad. Y ahí está buena parte de la gracia.

Su lenguaje culto, recargado y casi solemne contrasta constantemente con unos personajes marginales -todos ellos entrañables- y con situaciones vulgares, grotescas y absolutamente disparatadas.

Y cuando consigues entrar en ese juego, la novela se disfruta muchísimo.

Un extracto memorable:

"Sin perder un instante, flexioné las piernas, respiré hondo y me impedí por los aires para saltar por encima de la mesa y besar la mano del prócer, y habría logrado mi propósito de no ser por el centelleante rodillazo que el comisario Flores tuvo a bien propinarme en salvas sean las partes. El superhombre, que, en su grandeza, debía de ser inmune al culto personal, restableció la familiaridad con una sonrisa benévola y el sencillo gesto de barrenarse la nariz con el meñique. El comisario arrimó una silla y se sentó. Yo juzgué preferible mantener la posición de firmes. Se arremangó el señor ministro la camisa y advertí que llevaba tatuado en el antebrazo un corazón atravesado por un dardo y festoneado por esta lapidaria inscripción: TODAS PUTAS."

"Levantándose se dirigió a una suerte de mesilla de noche que resultó ser una nevera camuflada. Sacó una botella de champán del congelador y la depositó en la mesa al tiempo que exclamaba: —No sé dónde estarán los vasos. Pero todo tiene arreglo, con buena voluntad y un poco de ingenio. Traeré el vaso de los dientes, que ustedes dos pueden compartir, y yo beberé a morro. Desapareció por una puerta y regresó con un vaso en cuyos bordes se dibujaban medias lunas lechosas. —No tengan reparos: sólo lo he usado yo para mis enjuagues. Si huele mucho a Licor del Polo le paso una agüilla. ¿No? Vale. —Le tendió la botella al comisario—. Ábrala usted, Flo, que es el que entiende de explosivos, ja, ja, ja. Sonriendo de medio lado, el comisario Flores se puso a tironear del tapón hasta que salió éste disparado contra el techo y empezó a brotar de la botella una espuma amarillenta que se desparramó por la alfombra. —¡Yeeeepa! —gritó alborozado el señor ministro. El comisario llenó el vaso y pasó luego la botella al prohombre, quien formó con los labios un hociquito al que aplicó el gollete, trasvasó medio litro a sus cavidades, chasqueó la lengua y bramó: —¡Carajo, como en la mili! Qué bien, ¿eh? Sólo nos faltan tres niñas bien cachondonas. Flo, usted que es hombre de mundo, ¿no podría... ? El comisario Flores emitió una tosecilla, como llamando a la circunspección y el señor ministro esbozó un resignado mohín. —Está bien, está bien —murmuró entre dientes—. Me había dejado arrastrar por este ambiente tan simpático. La verdad es que entre las obligaciones del cargo y el cascajo de mi mujer llevo una vida... En fin —suspiró—, ¿dónde andábamos?"

Otro ejemplo:

"Pasé revista acelerada a sus respectivos historiales: Abdul-al-Cañiz, faquir, cantante de jotas, domicilio actual Hogares Mundet, llamar entre 3 y 5 tardes; Profesor Mariposa, hipnotizador, precios especiales, dejar recados mercería La Esperanza; Tomín el rey de la alegría y el buen humor, temporalmente Departamento Urología Hospital San Pablo; Pulguita y sus cachorros amaestrados, prisión menor, fecha salida 1984; Óscar y Aníbal equilibristas, ahora Óscar equilibrista, Aníbal falleció 1975; Carmen Cueros, humor para adultos, sólo fines de semana, costurera días laborables; Leonor Cabrera, ópera, habla francés, dispuesta a desnudarse precio extra; Monsieur Tonerre, telépata, descuento con merienda, y así hasta llegar al final. Entraba el sol a raudales en la agencia cuando acabé con aquel catálogo de triunfadores sin haber encontrado nada que por el momento me pareciera relevante."

Y otro ejemplo:

"En cuanto tuve conocimiento de lo sucedido, vine a la carrera. Por fortuna, apenas me puse a hacer autostop en la carretera, me recogió un motorista que no sólo tuvo la delicadeza de traerme hasta la mismísima puerta, sino que me prestó su zamarra para que no pasara frío durante el viaje. Un mozalbete, en suma, de lo más gentil, que está siendo interrogado en este preciso instante en los sótanos por conducir sin carnet una moto robada en estado de intoxicación."

Este sería el aspecto del detective sin nombre según ChatGPT.
En definitiva, una lectura imprescindible. Os la recomiendo de toda corazón.

PS:
Estoy deseando leer la tercera parte titulada La aventura del tocador de señoras. 😁

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